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Terrores nocturnos adultos: por qué ocurren y qué hacer si te pasan

Alguien se sienta en la cama, grita con los ojos abiertos y a la mañana siguiente no recuerda casi nada. Se cree que esto es cosa de niños, y sin embargo entre el 2 y el 3 % de los adultos lo vive. Esto es lo que se sabe, y lo que no.

Por Jan Kohlhaas · 10 min de lectura · Actualizado el 20/10/2026 · Información general de bienestar, no un diagnóstico médico

La respuesta corta

Los terrores nocturnos son despertares incompletos del sueño profundo, no sueños malos: la persona grita o se agita, parece despierta y no responde. En adultos se dan en torno al 2 o 3 % según encuestas poblacionales, y se asocian con falta de sueño, estrés, alcohol al acostarse y problemas respiratorios nocturnos. Durante el episodio no hay que sacudir ni gritar: se protege el entorno y se espera. Merece consulta si son frecuentes, hay lesiones o riesgo, o empezaron de adulto.

La escena es siempre la misma, contada por otro. A la una y diez de la madrugada, alguien se incorpora de golpe en la cama, grita o gime, tiene los ojos abiertos y mira sin ver. Si le hablas no te contesta como una persona despierta. Dura unos minutos, vuelve a tumbarse y a la mañana siguiente recuerda poco o nada. Quien lo ha visto una vez no lo olvida, y el miedo del testigo suele ser mayor que el de quien lo vive. Este, por la mañana, no entiende por qué los demás están tan serios.

A esto se le llama terror nocturno, y la creencia general es que desaparece con la infancia. No es del todo cierto, como veremos. Este artículo trata de los adultos; en niños el panorama cambia y manda el pediatra.

Terrores nocturnos adultos: qué son y qué no son

Un terror nocturno no es un sueño malo. Pertenece a las parasomnias de despertar, un grupo que incluye también el sonambulismo y los despertares confusionales. Su rasgo común es un despertar incompleto: una parte del cerebro se activa (la que controla el movimiento y la reacción de alarma) mientras otra sigue dormida. Por eso el cuerpo actúa y la conciencia, a medias, no está. Un estudio de 2016 con EEG de alta densidad en 15 adultos con estos trastornos y 15 controles encontró diferencias locales en la actividad de ondas lentas, incluso en noches sin episodios, que apuntan a una excitabilidad particular en zonas motoras y del cíngulo.

Castelnovo A, Riedner BA, Smith RF, Tononi G, Boly M, Benca RM. Scalp and Source Power Topography in Sleepwalking and Sleep Terrors: A High-Density EEG Study. Sleep 2016. PMID 27568805

¿Cuántos adultos los tienen? Depende de cómo se pregunte. En una encuesta telefónica a una muestra representativa de 4.972 personas del Reino Unido, el 2,2 % (intervalo de confianza del 95 %: de 1,8 a 2,6) refirió terrores nocturnos, y su frecuencia bajaba con la edad, sin diferencias entre hombres y mujeres. Los propios autores avisan de que se basa en lo que la gente cuenta, y de que probablemente lo subestima. En Noruega, con mil adultos, el 10,4 % los había tenido alguna vez en la vida y el 2,7 % en los últimos tres meses.

Ohayon MM, Guilleminault C, Priest RG. Night terrors, sleepwalking, and confusional arousals in the general population: their frequency and relationship to other sleep and mental disorders. J Clin Psychiatry 1999. PMID 10221293

Bjorvatn B, Grønli J, Pallesen S. Prevalence of different parasomnias in the general population. Sleep Med 2010. PMID 21093361

La respuesta corta a qué son los terrores nocturnos es esa: un fenómeno común en niños y minoritario pero real en adultos, que se vive de forma muy distinta desde fuera y desde dentro. Casi todo lo que se encuentra sobre el tema habla de niños; la versión para adultos tiene sus propias diferencias, y la primera es qué recuerdan.

Terrores nocturnos vs pesadillas: cómo distinguirlos

La distinción clásica es sencilla. La pesadilla es un sueño angustioso que te despierta, y estás alerta y puedes contarlo; ocurre más en la segunda mitad de la noche, en fase REM. El terror nocturno sale del sueño profundo, casi siempre en la primera parte de la noche, y el que lo sufre sigue confuso y apenas lo recuerda. Cuando se revisaron 11 adultos que acudieron a una unidad del sueño con episodios compatibles con terrores nocturnos, la polisomnografía documentó despertares desde el sueño profundo en 9 de los 10 en los que se hizo.

Llorente MD, Currier MB, Norman SE, Mellman TA. Night terrors in adults: phenomenology and relationship to psychopathology. J Clin Psychiatry 1992. PMID 1459969

Hipnograma de una noche: los escalones más bajos, de sueño profundo (NREM 3), se concentran en las primeras horas, hasta cerca de las tres de la madrugada, y el sueño REM (en rojo) ocupa tramos más tarde, con breves despertares.
Hipnograma de una noche: los escalones más bajos, de sueño profundo (NREM 3), se concentran en las primeras horas, hasta cerca de las tres de la madrugada, y el sueño REM (en rojo) ocupa tramos más tarde, con breves despertares. RazerM · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Esa regla tiene excepciones, y aquí la investigación reciente es útil. En 2021 se entrevistó a 25 adultos y 20 niños con parasomnias de despertar. Más de dos tercios de los niños no recordaban ninguna actividad mental durante el episodio, pero casi dos tercios de los adultos (16 de 25) sí recordaban al menos una experiencia. Los relatos eran sobre todo acciones vividas en primera persona, a menudo con aprensión, ante una desgracia o un peligro y en un entorno doméstico. Siete adultos y un niño describieron alucinaciones nítidas de objetos o personajes «soñados» proyectados sobre su casa real. Los autores concluyen que los criterios diagnósticos están hechos a medida de los niños y no siempre encajan con los adultos.

Castelnovo A, Loddo G, Provini F, Miano S, Manconi M. Mental Activity During Episodes of Sleepwalking, Night Terrors or Confusional Arousals: Differences Between Children and Adults. Nat Sci Sleep 2021. PMID 34188578

Rasgos clásicos: terror nocturno y pesadillaTerror nocturnoPesadillaPrimera parte de la nocheSegunda parte de la nocheGritos, ojos abiertos, difícil de calmarDespiertas alerta y asustadoPoco o nada al día siguienteRecuerdas el sueñoSale del sueño profundoSale del sueño REM
Esquema propio con los rasgos clásicos de descripción clínica, no con datos de un estudio. En adultos la fila del recuerdo es la que menos encaja (ver el estudio de 2021). Llorente 1992, Castelnovo 2021

También hay un solapamiento con las pesadillas: en la encuesta británica, tener pesadillas al menos una vez al mes se asoció con los terrores nocturnos (razón de probabilidades de 4,0). Es una asociación, no una causa demostrada.

Qué los favorece: predisposición, cebado y detonante

Una revisión de 2007 propone ordenar las causas de las parasomnias de despertar en tres capas. La predisposición es genética y familiar. Los factores de cebado son condiciones que aumentan el sueño profundo o dificultan despertarse: la falta de sueño, el alcohol, algunos medicamentos, el estrés y la fiebre. Y hace falta un detonante, un estímulo que arranque el episodio. En el laboratorio del sueño se han identificado como detonantes los problemas respiratorios durante el sueño, los movimientos periódicos de piernas, el ruido y el tacto. La revisión recuerda que la idea de que el alcohol y los fármacos desencadenan episodios se apoya por completo en casos clínicos y periciales, y que dosis altas de alcohol reducen el sueño profundo; no es un vínculo tan limpio como se cuenta.

Pressman MR. Factors that predispose, prime and precipitate NREM parasomnias in adults: clinical and forensic implications. Sleep Med Rev 2007. PMID 17208473

La encuesta británica añade qué se asoció con los terrores nocturnos: la sensación subjetiva de ahogo o respiración bloqueada por la noche (razón de probabilidades 5,1), el síndrome de apnea obstructiva del sueño (4,1), el alcohol al acostarse (3,9), conductas violentas o que causan lesiones durante el sueño (3,2) y las alucinaciones al dormirse (2,2). Son asociaciones de una encuesta, no causas demostradas, y los propios autores señalan que estos episodios son a menudo expresión de un trastorno mental, lo que no significa que tú tengas uno. Una serie de 11 pacientes de 1992 apuntaba en la misma dirección, con síntomas psiquiátricos en todos, aunque los terrores no se limitaban a los episodios psiquiátricos. Con 11 personas, es un indicio y no una regla. En el estudio noruego, el ánimo depresivo se asoció con el terror nocturno, pero ese mismo estudio encontró pocas asociaciones con síntomas de apnea, de insomnio y de piernas inquietas: los datos sobre la respiración no apuntan todos en la misma dirección.

Un hallazgo conviene tenerlo presente. En un estudio con 10 adultos con sonambulismo o terrores nocturnos y 10 controles, el esfuerzo respiratorio parecía responsable de muchos despertares del sueño profundo y estar implicado en el origen de los episodios. Los autores destacan la utilidad de buscar problemas respiratorios cuando hay sonambulismo o terrores. Si además roncas con pausas, las señales de apnea del sueño son una conversación pendiente.

Espa F, Dauvilliers Y, Ondze B, Billiard M, Besset A. Arousal reactions in sleepwalking and night terrors in adults: the role of respiratory events. Sleep 2002. PMID 12489893

Cuándo aparecen los terrores nocturnos: la hora y la edad

La respuesta que se encuentra en la mayoría de sitios está pensada para niños. La del adulto tiene dos partes. Sobre la hora: en las primeras horas, cuando se concentra el sueño profundo. Es una de las pistas que más ayuda, porque, como regla orientativa y no diagnóstica, un episodio media hora después de dormirte encaja con sueño profundo y uno a las seis de la mañana merece que se pregunte por otras causas. Sobre la edad: lo clásico es que empiecen en la infancia y se espacien con los años, y la encuesta británica lo confirma en parte, porque la frecuencia cae con la edad.

Pero hay adultos que los tienen desde niños y siguen, otros que los recuperan tras una racha de falta de sueño o de estrés, y otros para quienes son algo nuevo. En este último grupo la cuestión deja de ser de pediatría. Casi todo lo que se sabe de estos trastornos viene de personas con síntomas desde jóvenes, y por criterio clínico habitual un inicio nuevo en la edad adulta merece que alguien descarte otras causas. Otras parasomnias se parecen y se tratan distinto: si lo que se ve son puñetazos o patadas que parecen actuar un sueño vívido, o si el episodio llega ya de madrugada, díselo al médico. También puedes mirar hablar dormido y parálisis del sueño, que son vecinos y a veces conviven.

Cómo calmar terrores nocturnos: durante el episodio y después

Quien pregunta cómo calmar los terrores nocturnos suele ser la pareja, no quien los sufre. Esto no tiene ensayos clínicos, es consenso de la práctica clínica, y por eso lo cuento sin cifras. Durante el episodio, no lo sacudas ni le grites: alguien que vive un terror puede percibir el contacto como una agresión y reaccionar con violencia. Háblale en voz baja y tranquila, ofrécele una salida si se levanta, aparta objetos con los que pueda tropezar y, si hay riesgo real (escaleras, ventanas), protégelo sin forcejear. Lo habitual es que se calme solo y vuelva a dormir. Al día siguiente, cuéntaselo sin dramatizar.

Para espaciar los episodios, lo que se ha observado es indirecto. La revisión de 2007 cita que tratar los detonantes, como los problemas respiratorios o los movimientos de piernas, puede resolver el sonambulismo sin medicación. Los factores de cebado, por su parte, están a tu alcance: horas de sueño estables, no beber alcohol cerca de la hora de acostarte, cuidar el estrés y consultar si hay ronquido con pausas. Medicamentos, ninguno: esa decisión es de un médico. Y queda una pregunta sin respuesta clara en lo que he leído: por qué en unos adultos los terrores se quedan para siempre y en otros se van.

Si no es un terror nocturno: lo que conviene descartar

Antes de ponerle nombre a lo que ves, conviene saber que otras cosas se parecen desde fuera. Una pesadilla despierta alerta y se puede contar al día siguiente. Una apnea con despertares bruscos puede acabar en un grito o un sobresalto, como cuenta la parte sobre el esfuerzo respiratorio. Otras parasomnias, como actuar un sueño vívido con puñetazos o patadas, llegan sobre todo de madrugada. Y si hay movimientos bruscos repetidos que no se parecen a nada de esto, el médico querrá descartar también convulsiones. Distinguirlo es trabajo de una consulta y, si hace falta, de un estudio del sueño: ni una grabación ni este artículo pueden hacerlo.

Sea lo que sea, un episodio nocturno tiene un problema de testigos: quien lo vive no lo recuerda y quien lo ve lo cuenta con miedo. SleepTrace graba el audio de la noche con tu móvil, sin pulsera, y guarda con su hora un clip corto, con unos segundos antes y después, cuando reconoce ronquido, tos, habla o gemidos. Un grito no tiene categoría propia, así que puede que no quede guardado; lo que sí pueden dejar son marcas cercanas, como habla o gemidos, y la hora de esas marcas ya es un dato.

Sirve para poco, pero concreto: ver si los episodios caen en las primeras horas, comprobar si antes hubo un ronquido fuerte, y tener algo que enseñar en la consulta además del relato de un testigo. No sirve para medir con exactitud la duración de un episodio. La aplicación estima las fases del sueño a partir del sonido, no es una polisomnografía y no puede confirmar que el episodio salga del sueño profundo. El plan gratuito guarda unos pocos clips al mes. No es un producto sanitario ni diagnostica.

Consulta con un médico si los episodios son frecuentes (varias veces por semana), si hay lesiones, caídas, salidas de la habitación o de casa, o violencia hacia otros, si empezaron en la edad adulta, si tienes somnolencia intensa de día, ronquido con pausas observadas, convulsiones sospechosas o si los episodios llegan de madrugada y parecen actuar un sueño. Si hay miedo, ánimo bajo o ansiedad mantenidos, también merece una conversación. Nada de esto es un diagnóstico, y aquí no se recomienda ningún fármaco.

Preguntas frecuentes

Son despertares incompletos del sueño profundo: la persona se incorpora, grita o se agita, parece despierta pero no responde con normalidad y suele recordar poco o nada. Entre el 2 y el 3 % de los adultos los refiere en encuestas poblacionales. No son pesadillas ni significan por sí solos una enfermedad.

La pesadilla es un sueño angustioso, más frecuente en la segunda mitad de la noche, tras el que despiertas alerta y lo recuerdas. El terror nocturno sale del sueño profundo, casi siempre en las primeras horas, y la persona sigue confusa. En adultos, el recuerdo de imágenes durante el episodio es más frecuente de lo que se creía.

Influyen la predisposición familiar, la falta de sueño, el estrés, el alcohol al acostarse, la fiebre y algunos problemas del sueño como la apnea o los movimientos de piernas, que pueden actuar de detonante. Son asociaciones observadas, no causas demostradas. Si empezaron de adulto, conviene consultar.

No sacudas ni grites. Habla en voz baja, aparta objetos peligrosos y protege ventanas y escaleras sin forcejear. Lo habitual es que se calme solo en unos minutos. Es práctica clínica habitual y no está respaldada por ensayos. Si hay riesgo real de lesión, consulta.

Si son frecuentes, si hay lesiones o riesgo, si empezaron en la edad adulta, si tienes somnolencia intensa de día o ronquido con pausas, o si los episodios parecen actuar un sueño y llegan de madrugada. El médico decidirá si hace falta un estudio del sueño.

SleepTrace es una app de bienestar, no un producto sanitario. Este artículo es información general, no consejo médico. Si tus síntomas son frecuentes, intensos o te preocupan, habla con un médico.


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